27 junio 2003. Eran casi las dos de la madrugada, en la Plaza Roja de Moscú. Algo de fresco. Paseaba con algunos periodistas españoles desplazados a una feria comercial. Un desconocido, por veinte dólares americanos, nos ofreció acceder a los jardines de la tumba de Lenin. Nos negamos y la visitamos al día siguiente, tras hacer cola. Moscú es una gran ciudad. Volvería una y otra vez. La pose es mejorable, pero ahí estaba yo, en la Plaza Roja.miércoles, agosto 24, 2005
27 junio 2003. Eran casi las dos de la madrugada, en la Plaza Roja de Moscú. Algo de fresco. Paseaba con algunos periodistas españoles desplazados a una feria comercial. Un desconocido, por veinte dólares americanos, nos ofreció acceder a los jardines de la tumba de Lenin. Nos negamos y la visitamos al día siguiente, tras hacer cola. Moscú es una gran ciudad. Volvería una y otra vez. La pose es mejorable, pero ahí estaba yo, en la Plaza Roja.
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